Cultura

Tragedia fiscal en la Feria del Libro

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En el Retiro se pueden encontrar maridajes insospechados: teatro financiero y tributario

Se puede ir a la Feria del Libro en busca de alguna comedia para alegrarse inocentemente el día y salir dos horas después con un compendio de tragedias fiscales en el bolso y la mala conciencia sangrando por no haber entregado todavía la declaración de la Renta. Parecía que me estaba esperando: Teatro financiero y tributario, de José Arias Velasco. El título brilla en la caseta de Fundamentos entre famosos manuales y tratados de Strasberg, Grotowski o Donnellan para estudiantes y profesionales de la escena. “Curioso, ¿verdad? ¿Te lo acerco?”, me dice la editora que atiende el puesto al darse cuenta de que llevo un rato mirándolo pasmada sin atreverme a cogerlo. “¡Venga!”.

Ya en mis manos la rareza, en sus páginas interiores descubro personajes familiares: el alcalde de Zalamea, Don Juan Tenorio, Edipo… ¡pero reconvertidos en recaudadores fiscales, defraudadores o contribuyentes con problemas! Una especie de reescritura paródica de textos clásicos que mantiene las tramas originales pero cambia la temática en conflicto. Resulta que José Arias Velasco (Valladolid, 1934-Barcelona, 2017) era inspector de Hacienda y abogado, según me explica la editora, pero lo que a él le gustaba realmente era el teatro, en concreto escribir teatro, vocación que practicó bastante en su juventud y que relegó al convertirse en padre de familia responsable. Sin embargo, nunca abandonó del todo su sueño de ser dramaturgo y en 2011 llegó a estrenar con cierto éxito en Barcelona su obra musical La vampira del Raval, inspirada en una famosa asesina barcelonesa de principios del siglo pasado, incluida también en este volumen. Escabroso, sorprendente y fascinante.

Pero yo estaba buscando algo alegre… ¿Tendrá algo La Uña Rota en su bella colección de teatro? Comedias no encuentro en su caseta pero sí otro maridaje interesante. No tan exótico como teatro-fisco, aunque también sugerente: teatro-filosofía. Me cuenta Mario Pedrazuela, cofundador del sello, que están reeditando obras emblemáticas del flamante académico Juan Mayorga en pequeños volúmenes que se rematan con un ensayo en torno al tema principal de cada obra. Una delicia.

“Y no te olvides de Angélica Liddell. Teatro y poesía. Tiene club de fans”, me advierte Pedrazuela, señalándome a una joven lectora que hojea con avidez su Trilogía del infinito. Otro maridaje perfecto. “Algún día sus obras se leerán sin pensar que fueron escritas para la escena”, me insiste el editor. “Es un referente para las nuevas generaciones de escritoras que tengo yo aquí”, confirma la editora de Candaya, que comparte caseta con La Uña Rota. “No solo dramaturgas. Cristina Morales, Mónica Ojeda… les encanta”. Para que luego digan que el teatro no se lee.

A mí también me ha chiflado siempre el teatro de Angélica Liddell, violento y radical, pero no es precisamente lo que voy buscando esta vez en el Retiro. De pronto, la megafonía: “Alfredo Sanzol firma en la caseta de editorial Antígona”. ¡Sanzol, maestro de la comedia! Allí estaba, amable y cariñoso como siempre con sus seguidores, que son muchos, firmando sin parar ejemplares de La ternura, un long-seller teatral, tres temporadas lleva en cartel y acaba de ganar el Premio Max al mejor espectáculo del año. Una isla desierta, un naufragio, cambios de identidad, seres mágicos, amores desatados. ¡Justo lo que necesitaba yo para olvidar mis deudas con el fisco!

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