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¿Todos los presos se pueden reinsertar en la sociedad?

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  • El 69% de los presos no vuelve a reincidir tras salir de la cárcel
  • El delincuente sexual es el que tiene peor pronóstico de reinserción

El artículo 25.2 de la Constitución dice que las penas deben estar orientadas a la reeducación y a la reinserción social

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La muerte de Laura Luelmo a manos de Bernardo Montoya, asesino reincidente, ha reabierto el debate político y social sobre si todos los presos son reinsertables en la sociedad y sobre la prisión permanente revisable, que se encuentra a debate en el Tribunal Constitucional. El artículo 25.2 de la Constitución dice que las penas deben estar orientadas a la reeducación y a la reinserción social. ¿Es esto posible para todos?

En España hay actualmente cerca de 60.000 presos -59.160 en los registros de Instituciones Penitenciarias del mes de octubre, de los cuales un 92,51% son hombres (54.726) y el 7,49% son mujeres (4.434)-. La mayoría ha cometido delitos contra la propiedad (19.432). Tan sólo 988 son presos de primer grado -los que se consideran extremadamente peligrosos o inadaptados-. Entre los delitos más graves, casi 9.000 están en la cárcel por delitos contra la salud pública, 4.381 por violencia de género, 3.645 por homicidio, 3.284 por delitos contra la libertad sexual.

En términos generales, el 69% de los presos no vuelve a reincidir tras salir de prisión, frente al 31% que comete de nuevo en libertad algún delito, esté o no relacionado con los cometidos anteriormente, según datos proporcionados por Instituciones Penitenciarias en base a un estudio de seguimiento de 14.000 presos durante 12 años hasta 2017.

Programas de reinserción voluntarios

“Cuando una persona llega a prisión se le hace un programa individualizado de tratamiento. Es evaluado por el médico, el trabajador social, el psicólogo y después se hace una propuesta de intervención para favorecer su reeducación”, explica a RTVE.es la consejera técnica de Instituciones Penitenciarias Rosa Rodríguez.

Además de ofrecer actividades formativas, laborales y de ocio de los presos, en las cárceles existen programas terapéuticos específicos y voluntarios para cada tipo de delincuente. Actualmente 27.000 presos se encuentran realizando alguno de éstos, 10.000 de los cuales, por ejemplo, están siguiendo uno específico por violencia de género.

Un dato que destaca Instituciones Penitenciarias es que tan solo el 2,8% de presos condenados por agresiones sexuales que han completado un programa terapéutico contra estos delitos ha reincidido en delitos contra la libertad sexual. Pero son muy pocos los presos que lo realizan. El debate que existe actualmente es que los programas terapéuticos son voluntarios. Rodríguez defiende que sea así y lo compara con los programas de rehabilitación por drogodependencia: “Si la persona no ha asumido que quiere dejar algo, por más que se le obligue las posibilidades de fracaso son muy altas”.

El violador sistemático, “el peor pronóstico de reinserción”

La dificultad de reinsertar a determinados delincuentes es de sobra conocida por todos los agentes que intervienen en el proceso. Bernardo Montoya es un agresor sexual. El programa de Instituciones Penitenciarias para rehabilitar a este tipo de delincuentes reconoce que “los delincuentes sexuales sistemáticos representan un elevado riesgo para la sociedad, a la vez que el peor pronóstico de reinserción”, y compara a este tipo de delincuentes con adictos.

Son personas que, cuando perpetran un delito sexual, “el placer derivado de esa conducta anula todas las demás consideraciones”, prosigue el texto. “Sus probabilidades de recuperación son casi nulas si no ha habido un esfuerzo notable en materia de tratamiento (…), las agresiones sexuales se repetirán y se convertirán en una constante”, continúa. Por todo ello, el texto determina que la participación en estos programas no es “suficiente para obtener una progresión de grado o la libertad condicional”.

“Bernardo Montoya: “No me dejéis salir de la cárcel, porque lo volveré a hacer”“

Este jueves hemos conocido las palabras que el asesino confeso de Laura Luelmo dijo a los agentes cuando fue detenido: “No me dejéis salir de la cárcel, porque lo volveré a hacer”.

Lo hace por placer, tiene unas necesidades y es un peligro para la sociedad”, explica a RTVE.es el criminólogo Víctor Márquez, que alude a la teoría del científico del siglo XIX, Cesare Lombroso, que defiende que existe la predisposición a delinquir por causas biológicas. “Es un gen innato criminal, una necesidad fisiológica”, concluye este criminólogo, quien cree que Montoya no es reinsertable en la sociedad.

Otro criminólogo consultado por RTVE.es, Félix Ríos, considera que debido al carácter “impulsivo” de algunos violadores y asesinos, estos agresores en prisión “entran en una especie de abstinencia criminal durmiente que en libertad y ante determinadas situaciones explota”, como en el caso de Montoya. 

“Las cárceles no son el espacio de reinserción que parecía que serían tras 1978“

Rosa Rodríguez insiste sin embargo en la obligación de “intentar reinsertar a los presos en mejores condiciones de las que entraron para que al menos no reincidan”, y recalca que es un derecho constitucional. Y Álvaro Crespo, secretario técnico de la Red de Organizaciones Sociales del Entorno Penitenciario (ROSEP) y miembro de Solidarios.org, una ONG que se dedica desde hace 30 años a realizar actividades con presos, critica que las cárceles españolas “no son el espacio de reinserción que parecía que iba a ser tras el año 1978” porque “es difícil tratar a cada individuo con la cantidad de presos que hay”.

Falta de recursos

Actualmente hay unos 10.000 reclusos menos que en 2017, los casi 60.000 actuales contrastan con los 8.440 que había en 1975. Ríos también lamenta que las terapias que los presos reciben en las cárceles son “genéricas, poco individualizadas y escasas” y Márquez que "hay centros que tienen una capacidad para unos 1.000 presos y puede que los técnicos que para todos sean unos ocho psicólogos, algún trabajador social y algún educador”.

España es el país número 124 del mundo en encarcelamientos con un ratio de 136 presos por cada 100.000 habitantes, en la media de la Unión Europa, según datos del Consejo Europeo. Sin embargo, el índice de criminalidad es ampliamente inferior al de la media europea, 44,1 delitos por cada 1.000 habitantes (datos del Ministerio del Interior) frente a los 61,3 de Europa.

Uno de los factores para la reincidencia, además, es la larga duración de las penas o las estancias de los presos -18 meses de media-, en la que han influido múltiples reformas del Código penal en los últimos 20 años. Un 74% de presos de larga estancia en prisión -más de diez años- es reincidente, según un informe del Ministerio del Interior de 2017. Rosa Rodríguez reconoce desde Instituciones Penitenciarias que "las penas excesivamente largas desocializan de tal forma que reinsertarles en la sociedad es muy difícil si no existe una buena red de apoyo". “Nadie les va a querer contratar, tienen carencias afectivas y les acompaña un estigma muy grande por haber estado en la cárcel”, añade Crespo.

Además, expone, algunos presos “vienen de una situación de exclusión social, y la cárcel es otro nicho más de exclusión. La cárcel de ninguna manera va a mejorar a la persona que hay dentro”. Por ello, pide acabar con el estigma del expresidiario ya que, aunque los casos más graves son los más mediáticos, un 60% de las personas encarceladas en nuestro país lo están por delitos de mediana gravedad (hurtos, robos y tráfico de drogas).

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