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San Mamés bate el récord de asistencia del fútbol femenino en España

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Los cuartos de final de la Copa de la Reina congregan a 48.121 aficionados, más de 10.000 aficionados superior a la anterior marca

Fue la gran fiesta del fútbol femenino. Muchas jugadoras de varios equipos de la Liga Iberdrola ya habían expresado, a través de las redes sociales, que les habría gustado estar en la piel de las futbolistas que saltaron este miércoles al césped en San Mamés. El Athletic y el Atlético no se jugaban un título, sino la eliminatoria de cuartos de la Copa de la Reina, a partido único, pero el club bilbaíno, cumpliendo la promesa de su presidente, Aitor Elizegi, decidió trasladarla a San Mamés. Ganó el Atlético (0-2), con goles de Sosa, en el descuento de la primera parte, y de Kaci en el 94, con el Athletic volcado en busca del empate, pero sobre todo ganó el deporte femenino. Nunca un acontecimiento deportivo protagonizado por mujeres tuvo tanta audiencia presencial en España.

Durante la semana previa, en Bilbao se creó una atmósfera de entusiasmo, alimentada desde Ibaigane y los medios de comunicación, pero nadie esperaba una respuesta tan atronadora, y al final, San Mamés batió otro récord. Jamás un estadio en España albergó tanta gente para un partido de competición femenina. Según datos oficiales, fueron 48.121 las personas que acudieron a la Catedral para presenciar en vivo la Copa, a partido único, que disputaron el Athletic y el Atlético de Madrid. Fueron 8.000 más que el pasado domingo, en el decisivo partido de Liga frente al Betis. Es, de hecho, la mejor entrada en San Mamés en la presente temporada. En los 14 partidos que se han jugado en el campo bilbaíno, el récord de asistencia se produjo en el derbi frente a la Real (46.684 espectadores).

Fueron 12.000 más que en la anterior marca, que data de 2003, también en Bilbao, pero en el campo antiguo, cuando en una mañana soleada de primavera, 36.000 espectadores asistieron a la victoria por 5-0 del Athletic frente al Híspalis que le daba su primer título liguero. Es más, los más de 48.000 aficionados suponen la segunda marca de un partido de fútbol femenino a nivel mundial en un duelo de clubes, solo superados por los 51.211 de un Monterrey-Tigres de la Liga mexicana el año pasado. Superaron los 45.423 de un Chelsea-Arsenal en Wembley de la final de la FA Women’s Cup también en 2018. Hay que sumar las tres últimas finales de la Champions femenina para acercarse a una entrada como la de San Mamés.

Esta vez el récord fue en una noche de lluvia, desapacible, en pleno invierno, en una eliminatoria de cuartos de final, todo un hito para el fútbol femenino español, y para el Athletic en particular, uno de los clubes que más apostó por su desarrollo desde hace más de una década. De hecho, la segunda mejor entrada hasta la noche copera, también correspondía a San Mamés. Fue en 2013, cuando se juntaron 26.000 personas para un Athletic-Barça, que dio el título de Liga a las azulgranas, que se lo jugaban con las rojiblancas. Un derbi madrileño, entre el Atlético y el Madrid FCC, llevó a 22.202 personas al Wanda Metropolitano la temporada pasada y en Anoeta se juntaron 20.198 en el derbi vasco. La selección española consiguió reunir a 9.182 aficionados en el Rico Pérez de Alicante para su último partido frente a Estados Unidos.

El Athletic le dio al partido la máxima importancia. Invitó al palco a más de 100 mujeres: además de a todas las exjugadoras, y a gente de diversos ámbitos del deporte y la política. Presidió el partido el lehendakari Urkullu. Hubo problemas de acceso, ya que las tribunas se iban abriendo según acudía el público, y las gradas no acabaron de llenarse hasta el minuto 15, pero el público disfrutó a pesar de la derrota, que estuvo cerca de convertirse en otro resultado, porque la árbitra, la catalana Acevedo Dudley, expulsó con roja directa a la colchonera Kenti nada más comenzar la segunda parte. Las bilbaínas apretaron, tuvieron sus oportunidades, pero se quedaron con las ganas. En el descuento, el Atlético sentenció la eliminatoria, pero en San Mamés queda una huella imborrable. Será complicado que la cifra de espectadores que hubo en la Catedral se repita en mucho tiempo.

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