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Pablo Fornals, solo ante la presión

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El interior recién fichado por el West Ham habla sobre su misión de atraer a los rivales hacia la pelota para liberar a sus compañeros en la mejor tradición de Andrés Iniesta

“Me preocupa no perder balones e intentar facilitar el trabajo al máximo a mis compañeros, pero no creo que para eso haya que jugar siempre fácil”, dice Pablo Fornals midiendo cada palabra con cautela, como si la materia resultase delicada y antes de pronunciarse buscase ordenar sus pensamientos con mucho cuidado.

El fútbol de máximo nivel se parece a una trituradora industrial y a ella se someten alegremente miles de niños en todo el mundo. No es raro que, bajo tales condiciones de presión, el carácter del futbolista medio sea terreno abonado para una contradicción recurrente: la nobleza y el egoísmo. Es raro ver jugadores, especialmente atacantes, que no se muestran inclinados a culpar al prójimo de todo lo malo que pueda pasarles en la profesión. El volante recién fichado por el West Ham es una excepción rarísima.

Nacido en Castellón hace 23 años, el jugador más discreto, fino y versátil de la selección sub-21 es un maniático. Un perfeccionista atormentado ante las infinitas posibilidades del error. Contra los hábitos de su gremio, ante cualquier desgracia él no duda en culparse a sí mismo. Como no hay nada que le parezca más amargo que ir al banquillo, cada vez que juega encadena tentativas de exactitud al límite de la angustia. Es el heredero natural de Iniesta y lo exhibe en su extremo pudor: no hay nada que le perturbe más que perder una pelota y el genio le ha situado en un ámbito de drama. Porque Fornals siempre pide la pelota donde parece imposible no perderla.

“A veces conduzco más, otras menos”, señala. “Intento no perder mucho balón porque si no tienes la pelota corres más, el partido se vuelve loco y si vas ganando la cosa se te puede volver en contra y empiezas a sufrir”.

Como falso extremo izquierdo, una de sus tareas más recurrentes consiste en recibir entre líneas para atraer a los rivales hacia la pelota. Igual que un cordero que actúa de cebo para sacar a los lobos del bosque, él se ofrece como quien tiende una trampa. La celada consiste en ir tocando y moviéndose hacia la defensa rival de forma que los jugadores del equipo contrario se vayan acumulando a su alrededor antes de dar el pase decisivo al compañero que ataca por el lado blando de la jugada. “Cuando arriesgas perder la pelota encarando a los rivales entre líneas es para que te vengan a presionar”, dice. “Lo haces por ayudar al equipo. Si sale bien liberas al compañero de mucha gente porque tienes a mucha gente cerca y el compañero que recibe suele estar solo”.

La maniobra del interior fichado por el West Ham al Villarreal hizo destrozos contra Bélgica, Polonia y Francia. Las incursiones de Fornals desde la izquierda habilitaron a Fabián, a Ceballos, a Oyarzabal y a Olmo para que culminaran con remates por el medio o por la derecha en secuencias imparables. Fornals sabe que a cada instante que pasa con la pelota en el pie aumenta el riesgo de que se lo quiten. Juega en el alambre. Pero la sigue pidiendo para medir los tiempos. “Cada segundo que pasa, más cerca está la presión de ti y más libre está el compañero”, advierte. “El fútbol se juega para buscar debilidades y espacios. Si yo tengo a dos contrarios encima siempre habrá un compañero que esté solo y libre”.

“Es la forma que siempre tuve de jugar”, prosigue el jugador. “Cuando desde pequeño te gusta estar en contacto con el balón aprendes a moverte mucho. A veces me meto en sitios donde es complicado controlar y girar. Por eso intento hacer las cosas rápido y fácil. Como Cazorla, solo que él juega igual con las dos piernas y salía con naturalidad por los dos lados. Yo no tengo eso, intento compensarlo con otras cosas”.

Fornals, como casi la totalidad de sus compañeros, posee dos características definitorias del volante español: no es potente pero con un poco de preparación no tendría inconveniente en dedicarse profesionalmente a las carreras de fondo y mediofondo. Este patrón condiciona el estilo de la selección, como explica con un ejemplo. “Mikel Oyarzabal es muy intenso”, dice, “siempre está presionando y tira muy buenos desmarques. Es un quebradero de cabeza para cualquier defensa y eso es importante para nosotros, que somos gente que no es rápida por las bandas. No somos de romper por potencia. Y tener a alguien que esté todo el rato amenazando a los centrales nos ayuda mucho. Esa es la identidad de España. Tener jugadores que juegan mucho el balón al pie, pero al final van progresando a través de las ayudas y los apoyos”.

“Ese desorden ordenado que tenemos todos, porque al final cada uno aparece en un lado del campo, es lo que nos lleva a ir progresando de a poco e ir encontrándonos”, concluye el valenciano. “Es la movilidad que tienen todos los que juegan. Aquí todos están implicados. Todos se ofrecen. Nadie se esconde. Es muy importante tener jugadores que en el campo quieran la pelota y que no tengan miedo”.Fornals sufrió como pocos la profunda crisis que amenazó al Villarreal con bajar a Segunda en la pasada Liga. Ahora vive su experiencia con La Rojita como una liberación. “Este es un grupo muy humano”, dice el futbolista de esta selección. “No he tenido un buen año en el Villarreal pero he venido con la mayor ilusión. Se lo decía a mi familia: ‘Aunque no vaya a ser titular me gusta estar aquí porque me lo paso bien y estoy con gente que me cae bien’. Ahora mismo los importantes somos nosotros, los que estamos haciendo buen juego somos nosotros, y si somos capaces de repetir lo que hicimos en los dos últimos partidos va a ser difícil que Alemania nos gane”.

Solo muy de vez en cuando regala una sonrisa. Se muestra pensativo y jamás enfatiza una idea elevando el tono. Vive su oficio desde la autoexigencia. “Cada vez tengo menos manías”, señala, sin que resulte muy convincente. “Antes sí que le daba vueltas a las cosas. Ahora intento disfrutar más que comerme la cabeza por algo malo. A nadie le gusta equivocarse y menos que ese error pueda perjudicar a los compañeros. Uno siempre tiene miedo a fallar”.

Pablo Fornals tiene habilidad para una exhibición de freestyle. Pero su naturaleza le induce a jugar con una sobriedad monástica. Hace las cosas más difíciles del fútbol con tanta clase que solo los profesionales advierten su grandeza. A su alrededor mejoran todos como por arte de magia.

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