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Naomi Osaka llama al futuro

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La japonesa, de 21 años, supera a la checa Kvitova en la final (7-6, 5-7 y 6-4, en 2h 27m) y enlaza su segundo Grand Slam consecutivo, convirtiéndose además en la primera número uno del tenis asiático

Es Naomi Osaka, toda una sensación, un torbellino que viene más y más fuerte y revienta barreras. 21 años, dos grandes ya en su expediente. Y el presente es suyo, y nada descartable que el futuro lo sea también. Ganó hace cuatro meses su primer major, en Nueva York, aunque apenas pudo saborearlo porque Serena Williams emborronó su eclosión. Este sábado, sin embargo, pudo desquitarse en Melbourne pese a que Petra Kvitova le hiciera pasar otro mal rato y la condujera de nuevo al borde del llanto. En cualquier caso, la nipona se sostuvo y triunfó: 7-6, 5-7 y 6-4, en 2h 27m. Y, en consecuencia, un impacto directo en la historia del tenis: ya es la primera jugadora asiática, hombre o mujer, que escala hasta el número uno del ranking mundial.

Marca Osaka un punto de inflexión, porque después de mucho vaivén y de un sube y baja constante –11 de las tenistas que están en activo se han sentado alguna vez en el trono–, el circuito femenino parece haber dado con una campeona sólida. Hacía cuatro años que una jugadora no lograba encadenar dos títulos mayores, entonces Serena. Ahora, la que tiene el bastón de mando y gobierna es la japonesa, la 26ª número uno de la WTA, formidable soplo de aire fresco. Juega como los ángeles y confunde como nadie, porque detrás de ese tono infantil y ese rostro amable esconde a una competidora feroz, que pretende comerse la historia a mordiscos.

Además del US Open, el curso pasado festejó en Indian Wells y ha comenzado este 2019 como una flecha. Se impuso a la magnífica Kvitova (28 años) en una final que estuvo claramente partida en dos, emocionalmente muy exigente para ambas. Hubo un antes y después de que la checa sortease los tres match points del segundo parcial; lo tenía prácticamente Osaka hecho, pero su rival se revolvió y estuvo a punto de sacarla de quicio. La japonesa, al borde del llanto, encajó un severo golpe en el estómago –cuatro juegos consecutivos: igualdad a sets (1-1) y 1-0 en desventaja en la manga definitiva– y se fue al vestuario con una toalla sobre la cabeza.

Durante un rato, Osaka estuvo ko. Más de uno temió por otro desenlace dramático para ella, otra vez lágrimas, como en Nueva York, pero no solo mantuvo el tipo sino que enfiló la victoria con la determinación de las elegidas. Logró el break al tercer juego y salvó la situación más peliaguda en el sexto, cuando Kvitova anuló tres opciones de rotura y amagó con levantarse de nuevo. No ocurrió. Osaka no la dejó. Tiene hambre la japonesa, ganas de comerse el mundo y hacer historia. De momento, el presente le pertenece, es suyo. Tiene 21 años, un encanto que engancha y un juego que seduce al aficionado.

Carisma y 9 millones en premios

“Todavía no me creo lo que he conseguido, todo esto es muy extraño”, decía con incredulidad al recibir el trofeo de manos de la china Li Na, campeona en Australia (2014) y exnúmero dos. “Siento que estoy viva, pero que todo esto no es real del todo. He vivido muchas emociones en este partido, pero mis sentimientos tras el segundo set fueron realmente terribles”, reconocía Osaka, relevo de Simona Halep en el trono, inocente y vergonzosa durante el parlamento: “Hablar en público es cuestión de talento y a mí me gustaría ser mejor hablando, pero yo no suelo hablar mucho en mi día a día”.

No se cansa de crecer la japonesa, que también tiene la nacionalidad estadounidense –su padre es haitiano y su madre nipona–, todo un fenómeno en su país y una gran noticia para la raqueta. Su cuenta ha ingresado más de nueve millones de euros en premios y es la sexta tenista que obtiene sus dos primeros grandes de forma consecutiva. En este sentido, la cronología marca a Eva Goolagong, Chris Evert, Hana Mandlikova, Venus Williams, Jennifer Capriati y ella. Hace un año ni siquiera figuraba entre las 70 mejores del mundo, pero su ascensión ha sido meteórica.

Tiene saque, tiros ganadores, físico y movilidad. Tiene carisma. Y, sobre todo, toda la pinta de que lo suyo no es algo pasajero. “Nunca siento presión por jugar. Siento que hay un cierto grado de presión, pero viene de mí misma”, expresaba a comienzos de temporada. “Naomi está hecha de algo muy especial”, concede su entrenador, el alemán Sascha Bajin. “Lo que ella está haciendo es muy bueno para el tenis japonés. Juega bajo mucha presión, pero sabe controlarla”, le dedicó Kimiko Date, la jugadora más longeva de la historia, retirada en 2017 a los 47 años. Mientras, Osaka apenas acaba de comenzar, pero el futuro lleva bordado su nombre en letras de oro.

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