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Muguruza está perdida

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La hispanovenezolana pierde en la primera ronda contra Haddad Maria (doble 6-4, en 1h 30m) y prolonga su crisis de resultados. No se marchaba tan pronto de un grande desde el US Open de 2014

La secuencia se repite, esta vez en Londres. La tarde transcurre con el gesto torcido y la cabeza gacha, con miradas perdidas y un deambular dubitativo que refleja el estado de confusión de Garbiñe Muguruza. No le sale nada, va enredándose ella sola y termina desenganchándose de un partido que expresa una realidad compleja, porque ella y su entrenador dicen que lo suyo es tan solo una cuestión de tiempo y detalles, pero los últimos tiempos expresan otra cosa bien distinta. Muguruza cae (doble 6-4, en 1h 30m) frente a la desconocida Beatriz Haddad Maria, la 121ª del mundo, y prorroga una dinámica negativa a la que no consigue ponerle remedio de ningún modo.

Hacía cinco años, desde 2014, que la hispanovenezolana no perdía en la primera ronda de un gran torneo. Ocurrió entonces en Nueva York, cuando tenía 20 años y apenas empezaba a despegar, y ahora es Londres la que retrata una situación verdaderamente preocupante. No está Muguruza, no se encuentra y los tropezones empiezan a ser ya una constante. Hace tres años conquistó París, hace dos tocó el cielo en Wimbledon y luego ascendió a la cumbre del circuito. Ahora mismo, sin embargo, no hay rastro de aquella campeona hambrienta. Todo son dudas e incógnitas, y la pérdida de confianza, alimento de todo deportista, amenaza con llevarse por delante a una tenista fabulosa.

Ocurrió de nuevo una escena muy similar a la de París, hace exactamente un mes. Allí parecía tener controlado el duelo contra Sloane Stephens, pero se torció; y en esta ocasión el desarrollo fue prácticamente calcado, con un arranque notable y después un declive progresivo. Llegó la primera rotura de la brasileña, zurda y ancha de hombros, con muy poquito que perder y atacando firme la bola. Atado el primer set, sucedió lo mismo en el segundo y conforme la rival fue agrandándose, Muguruza fue perdiendo el tono y consumiéndose ella sola. Entre sien y sien, un millón de interrogantes, y seguramente algún que otro demonio más que revoltoso.

Otra vez, un adiós demasiado rápido. Otra descarga de cemento en la autoestima competitiva de una jugadora que hace no tanto apuntaba a marcar una era, y que ahora no logra salir del laberinto. Está en un pozo del que no consigue salir. La Garbiñe convaleciente sigue buscando a la poderosa Muguruza de otra época.

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