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Morata deja viva la Liga

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Dos testarazos del delantero quiebran la buena racha de la Real con Imanol y mantienen al Atlético a siete puntos del Barcelona

La Liga sobrevive. Con respiración asistida, eso sí, pero todavía no ha muerto aplastada por el elefante azulgrana. La cuestión es saber cuánto podrá durar el aliento que le da el Atlético, que ganó en Anoeta con la solvencia de un equipo con cuajo, frente a una Real a la que le pesó demasiado la lesión de Willian José en la primera parte.

En Donostia, el debate de la semana se centró en Griezmann, de pasado txuriurdin. Que si había que aplaudirle, que si no; que si convenía silbarlo o, simplemente, ignorarlo. De eso se hablaba, hasta que un avión del servicio de extinción de incendios decidió cargar sus depósitos de agua en la bahía de la Concha, y de repente aparecieron centenares de expertos en el asunto, claro que todos llamaban hidroavión a un aparato que no lo era. Así estaba el nivel. Y con el despiste apareció el Atlético, que no se descentró con disquisiciones.

No les importó en absoluto si era un hidroavión, ni tampoco si Griezmann era recibido con más o menos calor, que ya es mayorcito para derrumbarse por un silbido de más o un aplauso de menos. Iban a lo suyo, a por los tres puntos que podían mantener al campeonato con vida, ahora que el Real Madrid parece haber renunciado a toda esperanza. Se dejaron querer los hombres de Simeone los primeros minutos, que transcurrieron como deseaba el Atlético, con la Real estrellándose contra la última línea colchonera, que atendía sin agobios, sin sustos, que sí recibía Rulli con cada aproximación visitante. Morata, que se convirtió en una pesadilla, en un minuto, le dio dos. Primero cuando el portero y Raúl Navas se enredaron en un despeje, y apenas unos segundos más tarde, en un remate de cerca que el guardameta argentino rechazó con reflejos. Eran los primeros avisos de un Atlético que todavía funcionaba a medio gas.

Para entonces, la Real no había encontrado el camino hacia Oblak. Trataba de abrirse paso en ráfagas esporádicas, pero sin acierto, y lo tuvo peor desde la lesión muscular de Willian José, que tuvo que pedir el cambio. Salió Jon Bautista, un delantero muy diferente, que no intimida a los centrales como el brasileño. Perdió punch la Real, y con ese panorama, el Atlético dio un paso adelante. Con tranquilidad, sin precipitarse, se hizo dueño del partido, que pasó a jugarse en el campo de la Real. Con Merino y Zubeldia desaparecidos en el medio campo, y Zurutuza tratando de arrastrar a los suyos en una función que le suele ser ajena, a los visitantes no les costó demasiado hacerse con el control.

Expulsión de Koke

Además, llegaron los goles. Morata, que ya había amagado, resultó letal, y en cinco minutos desarboló a los centrales donostiarras. Los dos tantos llegaron a balón detenido. El primero en un córner que tocó Godín de cabeza y remató el ariete madrileño lanzándose en plancha; el segundo en un cabezazo limpio después del conciliábulo entre Griezmann y Koke para definir el objetivo del lanzamiento de la falta lateral. Finalmente tocó el centrocampista y encontró la cabeza de su delantero centro.

El Atlético liquidó a la Real en un ratito, o eso parecía al menos cuando los equipos se marcharon al vestuario en el descanso, después de cinco minutos en los que los hombres de Simeone retuvieron la pelota en un rondo interminable.

Volvió a la vida la Real cuando Koke vio la segunda tarjeta amarilla y el Atlético se quedó con diez. Los hombres de Imanol se lanzaron a la desesperada, y por momentos, acosaron el área colchonera, pero sus centros laterales encontraron siempre la respuesta de los centrales. Acumularon saques de esquina, pero Oblak sólo tuvo que lucirse en un remate de Merino, que fue el último estertor donostiarra, impotente ante un Atlético con demasiado oficio como para encontrarle la grieta por la que hurgar en la herida. La Liga sigue viva, y por cierto: a Griezmann, que estuvo más discreto que de costumbre, ni le silbaron ni le aplaudieron. Pasó desapercibido.

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