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Modric: “Nos falta gol, concentración y unidad”

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El centrocampista hace autocrítica y advierte de que el Madrid debe mejorar su juego sin buscar “excusas”. Parte del público señala al palco: “¡Florentino dimisión!”

El gol de Rubén Pardo pasado el minuto 80 fijó el marcador definitivo (0-2) y levantó al público de sus asientos camino de los vomitorios, harto de asistir a la decadencia estéril del Madrid en las competiciones locales. Fue la despedida simbólica de la Liga. Desde el fondo norte, levemente, comenzó a levantarse un rumor de protestas aisladas que halló un eco más fuerte en el fondo sur hasta recorrer todos los anfiteatros. El grito concentró en dos palabras el marchamo social que últimamente llevan impreso las crisis más profundas del club: “¡Florentino dimisión!”.

Cada vez son menos y más indignados. Espantados por un equipo sin identidad que se interna en la temporada como en un desierto de tedio, los asistentes al Bernabéu reducen su número semana a semana. Por primera vez en más de una década, el que una vez fuera el estadio con más demanda de billetes del mundo exhibe filas enteras de asientos vacíos. Se vio medio despoblado el día del Rayo, en vísperas de Navidad, con 55.000 aficionados presentes de un aforo total de 81.000, y no mejoró este domingo en la vista de la Real Sociedad. La entrada no pasó de 54.000.

Ni la fiesta de la Epifanía arrastró a los niños al campo. Los que acudieron se presentaron revueltos. Antes de apuntar al presidente, al árbitro inexplicablemente desasistido por el VAR, y a los jugadores en general, el primer objetivo de la muchedumbre fue Marcelo. El brasileño venía señalado por sus negligencias defensivas en Vila-real y fue sonoramente pitado tras perder el balón que desencadenó la jugada del penalti más rápido favorable al rival en la historia del Bernabéu. En apenas 70 segundos el Madrid estaba derrotado. Al cabo de los 90 minutos, la desolación de los protagonistas era manifiesta. Los jugadores del Madrid se negaron a conceder la entrevista a pie de campo, que los clubes han comprometido por contrato con las televisiones.

En un arrebato propagandístico compensatorio, el Madrid anunció en su página web el fichaje de Brahim Díaz, mediapunta del Manchester City de 18 años, inmediatamente después de la derrota. La noticia comenzaba a circular cuando Luka Modric salió del vestuario con el mensaje más autocrítico que ha emitido nadie en el Madrid a lo largo de esta temporada. “Nuestro problema es la falta de gol y la falta de concentración al principio de los partidos”, señaló el croata. “Tenemos que asumir esto para intentar mejorar. No podemos hacer una cagada cada partido. Esto es solo falta de concentración. Lo tenemos que evitar porque nos cuesta meter goles. Nos falta gol. Y no solo eso. Nos faltan más cosas. Nos falta uinidad. No podemos siempre buscar la responsabilidad del entrenador. No podemos buscar excusas. tampoco debemos concentrarnos ahora en criticar al árbitro, aunque yo no entiendo cómo no entró el VAR en una situación tan clara como el penalti a Vinicius. ¡Es como si los árbitros que miraban la tele se taparan los ojos con las manos!”.

Señalados y desánimo creciente

Imanol Alguacil convalidó el juicio popular contra Marcelo. “El estado físico de Marcelo no es óptimo y queríamos aprovechar esa baza”, dijo el entrenador de la Real, tras el partido, indicando que mandó a sus jugadores —en especial Januzaj— a que atacaran al lateral zurdo.

“Hemos tenido una distracción seria al inicio del partido que nos ha costado un gol”, lamentó Santiago Solari, el técnico local; “y eso te castiga contra un equipo duro como la Real. Hemos hecho lo posible para dar la vuelta al resultado pese a los accidentes y a la expulsión de Lucas”.

Solari pudo señalar a los culpables de la distracción primordial en el curso de las sustituciones: Casemiro y Marcelo fueron al banquillo antes del final del encuentro. La medida del entrenador, que hace malabarismos para no incordiar ni a Florentino Pérez ni al vestuario, pudo resultar atrevida en la medida en que los jugadores dan muestras crecientes de desánimo. Solari nunca fue el jefe más querido por una plantilla que ya sospecha de todo.

Crítica al VAR

“La sensación es que debimos ganar tres puntos y no lo hicimos”, opinó el técnico, antes de que le preguntaran por la omisión del árbitro José Luis Munuera, que no pitó lo que pareció un penalti alevoso de Rulli a Vinicius, pasada la hora de partido. “Hay jugadas que parecen evidentes en vivo. Creemos que el VAR existe para eso: para poder consultarlo cuando no hay certeza. Si no, pierde toda su razón de ser. Todos cometemos errores. Pero si la tecnología no sirve para repasar la evidencia no tiene sentido”.

Solari tuvo elogios para Vinicius, la gran excepción madridista de la noche. Alineado como titular por primera vez en un partido relevante, el brasileño fue el único motivo de entusiasmo entre los aficionados, excitados ante sus arrancadas y sus recortes. Con una facilidad pasmosa, Vinicius desplegó su potencia y se fue por velocidad de Llorente, de Zaldua y Aritz. Le faltó criterio, pausa y precisión en los últimos metros, en donde remató fuera o decidió emprender el camino menos recomendable. Pero hizo un derroche de energía que contrastó con la atonía del equipo.

“Los jugadores crecen con el tiempo”, se felicitó Solari, más consciente que nadie de que el extremo constituye una apuesta de Florentino Pérez en su empeño por renovar la plantilla con jóvenes promesas. “Vinicius tiene 18 años y ha sido una alegría para el club desde que llegó hace cinco meses. ¡Ya hizo un gol en una final de un Mundial de Clubes! Me parece que su proyección ha sido más rápida de la esperada”.

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