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Los renacidos de Zidane

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El francés apuesta por los que menos contaron con Solari y estos responden en una tarde plácida en el Bernabéu

Al margen de la veraniega tarde de marzo, todo en el Bernabéu retrotraía al 9 de enero de 2016, el día que Zinedine Zidane debutaba como entrenador del Real Madrid. La sola presencia del francés afloraba buen ambiente en un estadio que venía de ver cuatro derrotas consecutivas de su equipo y la despedida de tres títulos. Posiblemente Zidane se acordaba de aquella jornada de hace tres años, inicio de su glorioso periplo en el banquillo blanco, porque puso el equipo más parecido que pudo. Hasta ocho jugadores repitieron. Solo faltaba el lesionado Carvajal y los ex Pepe y Cristiano Ronaldo.

El buen rollo había borrado de la memoria del madridismo los útimos batacazos, o al menos parecían muy lejanos, por mucho que hayan pasado solo 11 días del desastre europeo ante el Ajax. El respetable, que acudió en un número habitual este curso, regalaba aplausos a todos pero se guardó los más sonoros cuando apareció Zidane, que enseguida se puso de pie, lo más cerca posible del terreno de juego, como solia hacer nueve meses atrás.

El francés sorprendió metiendo en el once a todos sus tótem. No se dejó ni uno fuera en un once que tenía tintes de acto de gratitud para con los hombres que ganaron tres Champions con el nuevo-viejo entrenador. Los tres que Solari había prácticamente apartado de sus alineaciones, Keylor Navas, Marcelo e Isco partían de inicio. El mensaje era meridiano: Zizou quiere a los suyos para sacar al Madrid de la mediocridad y acabar dignamente la temporada. Para la siguiente, ya se verá. También apareció Bale, que si bien dejó de ser de los suyos al final del curso pasado, ahora mismo es esencial dada la falta de gol y la abundancia de bajas en ataque.

El primero en reivindicarse fue Keylor con un paradón a un cabezazo de Maxi Gómez. Una de esas intervenciones llenas de reflejos. En el banquillo lo veía Courtois, quizá la primera víctima de la llegada de Zidane. Y mucho no debía divertirse el belga porque el partido era plomizo y cansino. Por mucho que el héroe haya vuelto, el Madrid está lejos de ser el equipo ganador de antaño.

A Keylor se le veía fino, pero a los otros renacidos les faltaba chispa. Marcelo e Isco combinaron bien en la primera ocasión del Madrid antes de que un resbalón frustrase al malagueño en el momento del disparo. Isco completó un partido discreto, acusando la falta de ritmo, pero supo estar en el área pequeña para remachar el pase de la muerte de Benzema. El gol llegó justo a tiempo porque el mediapunta fue, acto seguido, cambiado por Ceballos. A tiempo para que la grada le obsequiase con una despedida cariñosa culminada con un abrazo de Zidane.

Más activo estuvo Gareth Bale. En la primera parte chutó con fuerza al larguero, como para despertar al personal, que entre el sol, la sobremesa y el aburrimiento, andaba aletargado. El galés, que mejoró mucho cuando cambió la banda derecha por la izquierda, remató el partido tras una asistencia de Marcelo, la primera de la temporada.

El Madrid subió el tono en la segunda mitad, aunque bien es cierto que el Celta apenas le exigió. También despertó Asensio, que empezó a recordar al jugador de hace meses. El balear, que parecía deprimido en los últimos duelos, también celebró con una buena actuación el regreso de Zidane, que nunca ocultó su predilección por el zurdo, otro de los renacidos.

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