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Leganés y Celta suman y siguen

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Tablas y ausencia de goles en un partido que no logró romperse y que satisface a ambos en su objetivo de mantener la categoría

Puntuaron Leganés y Celta y no es mal plan cuando se acerca el postre y aún queda hambre. Más caninos andan los gallegos, que además se queda un poco a expensas de que el Girona no gane al Sevilla este domingo para no volver a mirar de cerca el abismo con 37 puntos y nueve por poner en juego. El Leganés, con 42 puntos, puede considerarse prácticamente en la línea de meta por más que al final su capitán Bustinza dijese que no consideraban completado el objetivo.

LEG

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CEL

Leganés
Pichu, Bustinza, Omeruo, Siovas, Vesga, Jonathan Silva, Óscar Rodríguez (El Zhar, min. 83), Nyom, Recio, Braithwaite (Michael Santos, min. 73) y Youssef En-Nesyri (Guido Carrillo, min. 71).

CeltaRubén Blanco, Olaza, Hugo Mallo, Néstor Araújo, Cabral, Lobotka, Sofiane Boufal (Boudebouz, min. 68), Hjulsager (Brais, min. 75), Jozabed, Aspas y Maxi Gómez.

Árbitro

Juan Martínez Munuera

Recio (min. 44).

Estadio:Butarque

El partido tardó en romperse, tuvo sustancia, pero le faltó jugo porque no sobraron llegadas y sí control. Del Leganés se intuía que podría despistarse entre su tranquilidad clasificatoria y la solana que caía sobre Butarque. No fue así. También tenía delante la posibilidad de liquidar la temporada sin tener ya que preocuparse de mirar hacia la retaguardia. Y, a mayores, su espíritu siempre le convierte en un pedernal. El Leganés tiene problemas con el gol porque sólo el Valladolid marca menos, pero es complicado de abordar, un dolor de cabeza para cualquiera. Sólo hay cinco equipos menos batidos en el campeonato. Así que no se fue de vacaciones y expuso de inicio un partido áspero, pleno de disputas, un mal rato para el Celta, mucho más tibio, pero que acabó por adaptarse a las exigencias que le plantearon.

Al equipo gallego le costó imponerse con el balón. Padeció porque el Leganés aprieta y tiene unos automatismos en ese tipo de esfuerzos que le convierten en complicado de abordar. No se arregló en esa línea el Celta hasta la segunda parte. Fue entonces cuando empezó a jugar en campo contrario. Se encontró un laberinto que ni Iago Aspas consiguió desentrañar.

En medio de todo ese trasteo nadie llamó al fútbol. Al otro fútbol, al que consiste en manejar la pelota, juntar pases, superar marcajes y prevenciones y acercarse a la portería rival. Al cuarto de hora un centro al área pilló a Cabral con el brazo extrañamente levantado. El videoarbitraje escrutó la acción, pero no apreció infracción. Fue lo más cerca del gol que estuvieron ambos equipos durante una larga hora.

La manta del Leganés le tapa por la cabeza. Los pies los tiene al aire, como ateridos. En-Nesyri y Braithwhite son delanteros de brocha gorda. El momento del Leganés en el partido no fue excesivamente lucido, pero ocurrió. Tuvo el control y lo dejó pasar sin acabar de obligar a Rubén Blanco. El Celta se rearmó, encontró la pausa ante la fatiga rival. Bajó líneas del Leganés, lo que no tenía que ser por fuerza una mala noticia para ellos. Pero en ese escenario al Celta le resultaba más sencillo encontrar a Aspas. Lo hizo en una pared que trenzó el internacional con Maxi Gómez para verse cara a cara con Cuéllar. Nadie escondió nada en el choque, el delantero metió la punterita para dirigir la pelota hacia la portería, pero hacia allí corrió Omeruo para despejarla cuando medio esférico ya había traspasado la línea. No fue gol.

El tránsito de los minutos agudizó el respeto al marcador y le dio valor a los puntos que se repartían. El Celta, bien tapado también, se guardó un punto más de ambición, pero el partido había bajado su ritmo y no era eso lo que le convenía a un grupo de atacantes tan revoltoso como el que planteó al final Escribá, con Brais Méndez reaparecido tras lesión para jugar el cuarto de hora final y Boudebouz y Aspas en la búsqueda de una mezcla. Pero la única alquimia que hubo en Butarque fue la que fabricó el empate de principio a fin.

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