Opinión

La verdad del crimen de Laura Luelmo

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La Guardia Civil investiga en El Campillo. EFE

Cuando Laura Luelmo salió a correr, Bernardo Montoya la persiguió para violarla. Ella se resistió. Él la mató. Y sin esperar siquiera a que la policía pasara a limpio la confesión del asesino, muchos ya encontraban en ella su verdad. Qué bochornosa exhibición de oportunismo político entre quienes solo ven en el asesinato de esta maestra de 26 años argumentos para darse la razón a sí mismos.

No es el asesinato de Laura Luelmo lo que ha reabierto el debate de la prisión permanente revisable. Lo reabre Pablo Casado mientras la Policía continúa investigando el crimen en El Campillo, porque le conviene recordar que Montoya tenía antecedentes criminales. Como si únicamente eso explicara la muerte de Laura Luelmo o la hubiera podido prevenir. El endurecimiento de la pena aprobado por el PP en 2015 difícilmente hubiera sido aplicable a los delitos que Montoya había cometido anteriormente. Tampoco enfrentarse a la prisión permanente revisable sirvió para disuadirle de cometer este crimen por el que puede pasarse la vida entre rejas. El oportunismo no es muy dado a la letra pequeña.

La portavoz socialista Adriana Lastra, al preguntarle por el crimen de Laura Luengo, optó por recordar en el Congreso que hay que “perseguir a aquéllos que, en vez de apoyar las políticas de igualdad, lo que hacen es perseguirlas”. Y en la Casa de la Palabra añadió: “Tenemos que dejar de consentir este tipo de declaraciones y empezar a condenarlas y perseguirlas”. Acorralar al discordante no parece el camino más audaz de ganar adeptos a una causa justa. Como tampoco ayuda su maximalismo de acusar “a la mitad de la población” de pensar “que puede disponer de la vida de la otra mitad”.

De todas las cosas que es Bernardo Montoya, que según confirma la autopsia abusó sexualmente de su víctima, machista es sin duda una de ellas. Aunque este asesino es también otras muchas cosas. No le parece a Vox, sin embargo, que el género tenga relevancia alguna en este caso de violación y asesinato de una mujer. Desde el único partido que pide abiertamente la derogación de la Ley de Violencia de Género algunos de sus militantes incluso argumentan que en España es más peligroso ser hombre que mujer porque, según las estadísticas, aquí mueren el doble de hombres que de mujeres en actos violentos. También eso es verdad. Pero olvidan mencionar que a los hombres no los violan ni los matan cuando salen a darse un paseo o correr por el campo. La causa de muerte violenta más frecuente en la que ellos pierden la vida suele ser una reyerta o ajuste de cuentas, entre las mujeres es la violencia de género.

La verdad sobre el crimen de Laura Luelmo es que ningún partido político tiene derecho a apropiarse de su muerte

La solución para acabar con asesinos como Montoya es, según el partido de Santiago Abascal, la cadena perpetua. No les importa que su propuesta esté fuera del margen constitucional si con ello suma votos aprovechando la ira popular que despiertan los crímenes atroces. Uno de los artículos de la ley fundamental, el 25.2, establece que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. Pero qué importa saltarse los márgenes de la Constitución con tal de demostrar que la muerte de Laura Luengo le da la razón a lo que pide su partido. Vox quiere centrar el debate en que tenemos “una ley que favorece a los delincuentes y perjudica a las víctimas“, como tuiteaba la cuenta de esta formación en Zamora.

Por si a algún lector todavía le interesara el contexto, no es España un país en absoluto benevolente con los asesinos. En otros países que ya tienen pena permanente revisable, el número de años en la cárcel son, de hecho, más bajos que en España. En Alemania, por ejemplo, la condena se revisa a los 15 años, y la media de cumplimiento de esta condena es de 21 años. En Francia, de 23 años. Con la ley vigente en España, los reos en prisión permanente revisable han de esperar entre 25 y 35 años a que se les revise la pena. Si la solución para evitar que estos crímenes se repitan estuviera en la dureza de las penas, en los países con pena de muerte las mujeres vivirían a salvo de violaciones.

En el asesinato de Laura Luelmo hay mucho más que el caso de un reincidente descarriado. Tampoco es solo un crimen machista. Ni tenemos que conformarnos con ser uno de los países con las cifras de homicidio más bajas del mundo. Hay mucho que hacer para avanzar en la prevención de crímenes como este. Para empezar, recriminarle a los partidos que se empeñen en fijarse solo que aquello que les da la razón, haciéndonos creer que todo se arreglaría si los demás cambiaran. La verdad sobre el crimen de Laura Luelmo es que ninguno tiene derecho a apropiarse de su muerte.

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