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La táctica como estimulante

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El gran inspirador de esta corriente de nuevos técnicos argentinos ha sido Guardiola. Ponen el énfasis en los fundamentos del juego no para neutralizar al rival sino para estimular la creatividad

Marcelo Gallardo crea un compromiso. No con el esfuerzo sino con la pelota. Se manifestó en las semifinales de Libertadores contra Gremio, cuando el partido hizo crisis y River se bloqueó. Gallardo salió del banquillo y se dirigió a Quintero golpeándose el pecho como diciéndole: “¡El equipo es tuyo! ¡Pide la pelota!”. La confianza expresada por Quintero en el partido del Bernabéu no fue espontánea. Se fabricó durante meses.

Cuando las cosas no salen él no se queda estático. Busca, interviene. No te castiga. Te espera. Comprende que hay un punto de azar. Confía más que otros en cuestiones que aparecen aleatoriamente. Porque, ¿qué es la verticalidad? ¿Qué es la velocidad? ¿Qué es la contundencia? Decir que un equipo no tiene gol y tiene juego, como si los jugadores pudiesen hacer goles por arte de magia, carece de sentido. Gallardo proporcionó un contexto favorable para hacer goles. Su idea central es dominar a partir de la posesión de la pelota. El gran inspirador de esta corriente de nuevos técnicos argentinos ha sido Guardiola. Ponen el énfasis en los fundamentos del juego y en el empleo de la táctica no para neutralizar al rival sino para estimular la creatividad.

Juanfer Quintero, Nacho Fernández, Exequiel Palacios y Pity Martínez se desarrollaron alentados por el principio de que la base del fútbol son los mediocampistas. Son ellos quienes empujan a River hacia el gol y permiten dominar y jugar en campo rival, posicionarte, crear superioridades y que los laterales avancen. El problema de los equipos argentinos es que tienen un límite de posibilidades porque no hay grandes talentos. Falta jerarquía. Somos un fútbol exportador y las ideas se sustentan en los futbolistas. No se puede jugar maravillosamente bien sin muy buenos jugadores.

Gallardo saca brillo a las posibilidades más creativas. Se propone defender lejos, con laterales que abran bien la cancha, empleándolos por afuera o por adentro, y con centrales adiestrados para conducir y pasar. Pinola sintetiza lo que pretende de los centrales como parte del andamiaje con la pelota. No desgasta a los volantes demasiado hacia atrás sino que utiliza a los centrales para hacer el 2-1 o el 3-2 en la mitad de la cancha, para mover la pelota de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Así los interiores pueden recibir en zonas donde tienen más peso ofensivo.

Pity se define como wing o delantero. No es un jugador de pausa que levante la cabeza y dé un pase filtrado. No tiene lectura del juego, sentido de los tiempos o manejo. No tiene sentido de la organización, no dice: “tocá, véní, dámela que cambio de frente”. Es impulsivo. Atrevido. Gambetea y tira; o gambetea, desborda y centra.

La ductilidad que muestra Pratto es típica de la obra de Gallardo. No es un goleador específico, grandote, de los que solamente la empujan. Va por afuera, rebota, devuelve. Es muy útil porque se complementa con los volantes. Apoya bien a pesar de su físico. Fue absolutamente determinante en la final, peleando en solitario en el área o incluso como extremo derecho con funciones más defensivas.

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