Deportes

La indefensión de los inocentes

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A la espera de la implantación de la Ley para la Protección de la Infancia, la actuación frente al acoso y el abuso sexual a menores en la actividad deportiva se limita a campañas de concienciación sin seguimiento, estructura ni legislación efectiva

Según los estudios recopilados por el Consejo de Europa (CE), uno de cada cinco niños es víctima de abusos sexuales. Las estadísticas, presentadas por diversas entidades como UNICEF, la Organización Internacional del Trabajo, la Organización Mundial de la Salud y la ONG Save the Children, revelan además que los menores sufren al menos el 50% de estos delitos sobre unas cifras subestimadas, puesto que apenas se denuncia el 15% de los casos. De ese 15%, el 70% nunca llega a juicio. A pesar de la dureza de esos datos, la falta de políticas de prevención, detección y denuncia eficaces sigue siendo el principal obstáculo para atajar la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia en todos los ámbitos, incluido el deportivo.

A la espera del desarrollo en 2019 de la Ley de Protección Integral frente a la Violencia contra la Infancia —cuyo Anteproyecto anunció el Gobierno en el último Consejo de Ministros de 2018—, el único marco legal específico es el definido por el Convenio de Lanzarote, firmado por los 47 Estados miembros del CE y en vigor desde julio de 2010. Más allá de ese texto, la actuación de las organizaciones españolas en 2018 frente al acoso y el abuso sexual a menores en la actividad deportiva se limita a campañas de concienciación episódicas sin seguimiento, estructura, protocolo, ni legislación para proteger a los niños de manera efectiva. Una lacra mundial cuya gestión queda en manos del coraje de los propios supervivientes.

Hasta el Consejo de Europa llevó el pasado mes de noviembre su testimonio Gloria Viseras, gimnasta española de los 80 que denunció en 2012 a su entrenador, Jesús Carballo, por haber abusado de ella entre los 12 y los 15 años. Ahora tiene 53. “Decidí un día que no me iba a callar más y que iba a trabajar para que esto no le volviera a pasar a ningún niño, o a los menos posibles”, cuenta Viseras que, tras romper el silencio, fundó la organización Oro, Plata y Bronce, que trabaja para sensibilizar sobre la violencia que sufren los deportistas y para eliminar los factores de riesgo integrados en este entorno. “Es un problema que hay que afrontar de arriba abajo, porque los clubes no tienen ni los recursos ni los conocimientos para abordar una estrategia de protección global”, afirma la exgimnasta. “Tendría que haber un delegado de protección en cada club y en cada federación, figura que existe en Europa, en Inglaterra sobre todo, pero no en España. Tiene que ser algo que empiece en el Consejo Superior de Deportes (CSD), que baje a las federaciones nacionales, y de ahí a las regionales y los clubes. Pero a todos les da un miedo atroz abrir esta caja de Pandora”, reclama Viseras, que participa en varios proyectos.

Su intervención en el Consejo de Europa se enmarca en la iniciativa Start to Talk, que desde el año pasado cuenta con el testimonio de supervivientes de abusos y colabora en numerosos planes de concienciación. En verano concluyó el programa Voice [proyecto Erasmus+ de la Comisión Europea] que ha estudiado las historias de 72 víctimas de abusos sexuales en el deporte. En enero de 2018 empezó a desarrollarse I Protect, otro proyecto Erasmus+ cofinanciado por la Comisión Europea. Es una plataforma e-learning, que tiene como socio al CSD, dirigida a deportistas, familiares, entrenadores y gestores que terminará su trabajo en 2020. Viseras también se ha implicado en la elaboración de cinco guías de prevención de la campaña #AbusoFueraDeJuego financiadas por el CSD con el apoyo de UNICEF.

Las barreras surgen al pasar de la teoría a la práctica. “Los proyectos nacen y mueren, muchos sin seguimiento ni balance. Falta un plan general, una hoja de ruta a 5 o 10 años para la protección del menor en cada ámbito”, reclama Viseras. “Igual que hay una Subdirección General de Mujer y Deporte, tendría que haber una del menor y deporte. Pero no hay ni una oficina. Alguien que coordine todos estos trabajos y los supervise. Un sitio donde poder acudir a pedir ayuda y donde los deportistas, las familias o los entrenadores puedan encontrar asesoramiento para denunciar los casos. No hay ni una asignatura en INEF, no se habla de esto. Yo colaboro con el CSD y creo que hay voluntad, hemos avanzado mucho y se están haciendo cosas, pero queda mucho todavía”, reitera la exgimnasta. Ante la falta de mecanismos efectivos reconoce haber recibido peticiones particulares de ayuda y asesoramiento y varios testimonios de víctimas en cada charla que realiza.

“No existen herramientas”

En el Consejo Superior de Deportes, la explicación de la jefa de gabinete, Conchi Bellorín, refrenda el anquilosamiento administrativo ante el problema. “Tenemos que empezar a crear las herramientas, que hoy no existen, es una realidad. Estamos en ello, vamos a generar una plataforma, un observatorio para articular un protocolo para los diferentes colectivos, y para llegar a toda la ciudadanía”, asume la exjudoka. “Necesitamos saber en qué situación nos estamos moviendo. Nos faltan datos para establecer una hoja de ruta. La idea es que en los próximos tres años generemos una estructura para ver hacia dónde tenemos que ir. Ese es el siguiente paso. No entendemos la protección del menor como algo unitario, sino como algo transversal”, cuenta Bellorín.

“Las federaciones tienen el protocolo que estamos actualizando. En el CSD no hay una figura específica de defensa del menor, por eso queremos crear el observatorio”, repite Bellorín, al tiempo que reconoce que no todas las federaciones han incorporado ese protocolo y en “alguna” incluso no se encuentra en su página web (una de las condiciones para recibir las subvenciones gubernamentales). Una de las webs en las que no aparece el Protocolo para la prevención, detección y actuación frente al acoso y el abuso sexual es la de la Federación de Gimnasia, como reconoce su directora de comunicación, Andrea Caicoya, que no atendió a la petición de este periódico para detallar la circunstancia y el procedimiento que se aplica en su organismo para cumplir con la reglamentación.

El mencionado protocolo, aprobado por el pleno del Senado en 2013 para “sensibilizar e impulsar la aplicación de códigos éticos y de conducta para entrenadores (…)”, incluye llamativas paradojas en cuanto al procedimiento de actuación. Para abordar las situaciones de acoso y abuso, según recoge el texto, será el presidente de la federación de turno el que nombre un “delegado de protección” y encabece un “comité asesor” integrado también por personal federativo “(preferentemente con conocimientos en Derecho, Psicología y Medicina)”. Todo, sin agentes externos para dilucidar el procedimiento. En la actualidad, el único filtro que se pide a los entrenadores, como a cualquier docente, es el certificado negativo de condena por delitos sexuales a menores.

El pasado viernes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció la aprobación del anteproyecto de Ley Orgánica de Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, con la intención de dar un trámite de urgencia a la ley para que pueda estar aprobada entre marzo y abril. Pero, mientras la política continúa el abigarrado camino para pasar de la sensibilización a la legislación, ya hay espacios que han incorporado metodologías para desmontar los entornos claustrofóbicos y prevenir los abusos, como sucede en el Club de Gimnasia Artística de Pozuelo de Alarcón (Madrid). “Me di cuenta de que el sistema no funcionaba cuando tras pasar por el entrenamiento de alto rendimiento, las gimnastas, ya adultas, me confesaban que no había sido una buena experiencia y que en cierta medida había marcado negativamente sus vidas. Aquello me hizo cuestionarme los métodos que utilizábamos. Me impactaba que solo tras varios años alejadas de la gimnasia fueran capaces de contarme su vivencia; me explicaban que contármelo suponía para ellas una especie de traición y se sentían mal por ello. Si esto ocurría, era una clara señal de que algo estábamos haciendo mal”, explica Sylvia García, directora técnica del club que, desde hace tres años, trabaja con un proyecto de coaching deportivo con las gimnastas y las familias para fomentar la comunicación abierta y marcar los límites de los formadores en una atmósfera sana.

“Es más importante hacer buenas personas que buenas gimnastas. El sistema del miedo y la sumisión funciona. Los 80 fueron la época dorada de la gimnasia y todo el mundo utilizaba el sistema del látigo. Ese sistema forja campeones, pero ¿merece la pena pagar ese precio? Con otros métodos también se puede y las instituciones deberían apostar por ellos, invirtiendo en formación específica para los entrenadores, directivos y clubes”, prosigue García. La apuesta de Pozuelo es firme. “Creemos en lo que hacemos. Hemos roto con los métodos antiguos y devastadores. Hay que abrir los ojos para cambiar el sistema de entrenamiento y hemos sentado las bases para ello, lo primero es apostar e invertir en la formación de los técnicos en estos campos, un técnico es un formador de personas, necesita una formación integral, no sólo deportiva”, afirma García.

La apuesta de Pozuelo

El método de Pozuelo coloca al formador al servicio de los niños, huye de las dinámicas de dependencia y endiosamiento del alumno hacia el tutor y rompe con los entornos oscuros y dictatoriales donde históricamente se han gestado los abusos. Lo explica Ángela Domínguez, entrenadora del club. “No somos máquinas que reproducen movimientos ni creamos personas autómatas para la competición. La metodología autoritaria está obsoleta porque no tiene en cuenta los procesos de aprendizaje del deportista para su desarrollo: no hay diálogo sino imposición y miedo”, cuenta Domínguez.

“Aquí hacemos un entrenamiento mental y emocional porque estamos en un deporte en el que los miedos y las lesiones están a la orden del día. En estos primeros meses de la temporada hemos trabajado el planteamiento de objetivos, la frustración, los bloqueos… La consciencia del cuerpo también es fundamental. Realizamos dinámicas que tienen que ver con el movimiento, la pintura y el juego. Este deporte no da pie a tener mucha comunicación, te subes a las paralelas o sales al ejercicio de suelo y estás sola; el arte es un lenguaje que facilita todo eso para canalizar miedos, empatizar, encontrar soluciones…”, explica Ángela, que estuvo en el equipo nacional. Se retiró con 17 años a causa de una lesión y lleva 15 años en el club tras formarse en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CCAFyD) y cursar un Máster en Psicología del Coaching.

La experiencia de Ángela, que recomienda la lectura de Instrumental de James Rhodes para entender a las víctimas, se basa en las sensaciones físicas y emocionales que vivió en su etapa profesional. “En mis primeros años de entrenadora, al salir del gimnasio, me iba a casa con una sensación de absoluta incomodidad. Había algo que no iba bien y era, simplemente, el método. Cuando me preguntan dónde está la línea entre disciplina y la humillación, siempre digo que miren dentro, que se siente en las tripas. Pero para eso hay que sentir. Sólo si pierdes el contacto con tu humanidad, serás capaz de tratar injustamente a un menor de edad e irte tan tranquilo a casa. Ahora siento paz al entrar y salir cada día del gimnasio”.

Entre las claves está la plena confianza en el deportista. “Una madre me dijo una vez que yo era una diosa para su hija. ‘Solo soy su entrenadora’, le respondí. Un entrenador no tiene que llevar ese peso, hay que romper esa dependencia. Es más fácil denunciar a un profesional que ha hecho mal su trabajo que alguien a quien idolatras”, dice. “Los abusadores tienen la oportunidad de abusar ante el silencio de los demás. Nos toca romper ese silencio. Hay un gran desamparo y no pretendemos salvar a todos los niños, pero si conseguimos evitar un segundo abuso, ya habremos hecho mucho”, cierra Domínguez.

 

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