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“Fuimos los únicos que quisimos jugar”

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Los jugadores de River reivindican su estilo a las órdenes de Gallardo, que suma su tercer gran título sudamericano

Juan Fernando Quintero, un exquisito volante colombiano de 25 años, revertió la final para River. El tiro duro y preciso desde el balcón del área del jugador de Medellín resultó imposible para Andrada en el 2-1. “No pensé más; recibí el balón, busqué el espacio, controlé y pateé”, aclaró Quintero, un zurdo poderoso que se crece en las grandes citas. “Ayer practiqué este golpe. Fue un bonito gol”, prosiguió. “Sabíamos que Boca era un equipo muy táctico, con mucho despliegue físico, pero trabajamos el partido hasta el final, comenzamos a mostrarnos y a marcar diferencias. Somos los justos ganadores”. Y remachó: “Es un premio para los 25 jugadores, los que entran y los que juegan”.

Alrededor de Quintero fluyó de forma intermitente el fútbol de PityMartínez, protagonista en las tres jugadas de gol de River. “Acabado enero no seguiré”, anunció. “El objetivo era ganar la final y disputar el Mundial de clubes. A la gente le di lo que se merece. Es una decisión muy difícil. Pero el camino sigue. Voy a extrañar mucho a River; que es un club muy grande”. Y, para reivindicar a su equipo, remató: “Fuimos el único conjunto que intentó jugar. Estuvimos todo el tiempo en el campo rival”.

Matías Biscay, asistente del sancionado Muñeco Gallardo, había reunido a los jugadores antes de la prórroga para decirles lo anunciado por Pity: “Jueguen, jueguen, jueguen, que hay una sola pelota y es nuestra”.

River jugó a favor de corriente porque al final contó con dos jugadores más por la lesión de Gago y la expulsión de Barrios y porque su fútbol técnico se adaptó mejor a un campo rápido, con la hierba corta, como era el Bernabéu. Marcó Pratto, el segundo anotador de River que marca en la ida y en la vuelta de una final de la Libertadores después de Funes (1986), anotó Quintero y cerró Pity.

Disfrutarlo con respeto

“Ya dije al principio de año que venía a ganar la Copa”, afirmó Pratto. “Es el mayor logro de mi carrera”, manifestó Palacios, que no quiso referirse al posible interés del Madrid. “Acabado el partido fui en busca de Gallardo para abrazarle”, contó el director deportivo Enzo Francescoli. “Y me dijo al oído: ‘Vamos a por más”. “El partido fue duro, como son los clásicos”, insistió Francescoli. “Todo lo que pasó durante estos 40 días ha sido una locura para todos. Ha sido muy duro. Al final se volcó de nuestra parte porque los chicos tuvieron un gran compromiso con el juego y con la idea”.

Francescoli hablaba del entrenador y la hinchada no paraba de elogiar también al Muñeco Gallardo. Ángel Labruna ganó seis títulos en el banquillo de River; Ramón Díaz, nueve, los mismos que Gallardo, que ya tiene su segunda Copa Libertadores como entrenador, más otra como futbolista. “Labruna, Ramón y Gallardo son los técnicos más importantes en la historia de River”, señaló en la previa de la final el Mono Burgos, un referente del club de Núñez. Labruna dirigió a Díaz en la década del 70, Díaz a Gallardo en los 90. Un hilo conductor indestructible en River.

Labruna acabó con un gafe de 14 años sin títulos; Díaz convirtió al equipo en dominador de Argentina y América en los noventa, solo detenido por la Juve de Del Piero y Zidane en la Intercontinental en 1996; y Gallardo llegó al Monumental para recuperar al club de la peor de sus heridas después de su descenso a la B. Muñeco ya ha levantado nueve títulos, dos en la cara de Boca, ambos en 2018, y sumó su tercera Libertadores, después de conquistarla como jugador en 1996.

Abu Dabi, el próximo destino

“Disfrutémoslo, pero respetando al rival. Demostremos al mundo que somos un gran y divino país”, intervino el presidente, Rodolfo D’Onofrio. “El título va dedicado a los 60.000 hinchas que tenían entrada y que, por personas que nos hacen daño, no puedieron ver la final”.

Mayada, sustituto de Montiel, insistió: “Va por todos los de River que no pudieron viajar a Madrid y para mi hermana”, fallecida a principios de año. “Estamos disfrutando el doble por todo lo que nos pasó”, cerró el arquero Armani. “Sabíamos que jugáramos donde jugáramos, algo bueno iba a ocurrirnos”.

“Soy un hijo adoptivo de este club”, sollozó Ponzio, que fue sustituido a la hora de partido por Quintero. “Vamos a celebrarlo hasta que nos toque montarnos en el avión que nos llevará a Abu Dabi para jugar la final del Mundial de Clubes”.

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