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El Valencia hiela la caldera del Betis

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El conjunto de Marcelino iguala en el minuto 92 un 2-0 en contra y castiga el atrevimiento del equipo verdiblanco, en el que Joaquín marcó un gol olímpico

El misil de Joaquín llevaba el sello de lo imposible y medio salvoconducto para disputar la final de la Copa. El gol olímpico del incombustible capitán del Betis (37 años) noqueaba entonces a un Valencia que bajaba a los infiernos. Un 2-0 terrible para los intereses del conjunto valencianista, que había jugado un primer tiempo discreto y que estaba en la lona. Pero la Copa tiene estas cosas. El conjunto de Marcelino supo rehacerse en el segundo tiempo después de la genialidad del portuense. Hubo dos razones para que se produjera ese empate que deja todo en el aire para la vuelta en Mestalla el día 28. Primero, la entrada de Gameiro, que con su velocidad descolocó a la defensa del Betis. Segundo, el colmillo del Valencia en los minutos decisivos de esta ida. El Betis, tan fiel a su fútbol, desperdició un 2-0 conseguido con dos grandes jugadas a balón parado.

El golpe de Gameiro fue como un puñal introducido en el alma de los béticos. Con pasado sevillista, el francés ya hizo de las suyas en el Villamarín con la camiseta del eterno rival. Con el empate a dos, el Betis debe salir a ganar en Mestalla. El Valencia rozó el averno y se sobrepuso con goles y buen juego para abusar de un Betis que hizo muchas cosas bien y otras menos. Ser sorprendido en un contragolpe con el 2-1 en el tiempo de descuento fue un error fatal. Quizás más bonito que fiable, el Betis deberá aprender a competir a estas alturas de los torneos. Así es el estilo del grupo que Setién, que buscó el 3-1 y se encontró con el 2-2. El Valencia llegó más y mereció el empate, con Parejo y Rodrigo a un buen nivel.

Todo fue tremendamente emotivo en Heliópolis, que vistió sus mejores goles gracias a una afición sedienta de alegrías y que firmó un récord de asistencia: 57.123 espectadores. Jugar una semifinal de la Copa 14 años después, con la final en el propio Villamarín, disparó los decibelios y los nervios de una afición extasiada. No ocurrió lo mismo con los muchachos de Setién, aplicados al toque con paciencia, capaces de sufrir y reponerse ante los inevitables reveses de la competición. El primero fue el contratiempo de la lesión de Bartra, a los seis minutos, sustituido por Javi García. Los que vinieron después respondieron al ímpetu de un Valencia muy ordenado, bien conducido por un Parejo en gran momento y Rodrigo como principal señal de peligro.

Hay principios básicos en el fútbol. Uno de ellos es tener el balón y otro la velocidad con la que se conduce. El Betis tuvo más el balón, pero le costó un mundo hacerle daño al Valencia. Los de Marcelino lo tuvieron menos, pero lo movieron con más velocidad. Y así llegó el desequilibrio. Después de que Parejo ensayara una falta sin peligro, Joel, el portero bético en la Copa, justificó la apuesta de Setién. La mano en el toque de Rodrigo dentro del área pequeña fue estupenda, como el roce al balón un minuto después en el remate de Mina a la salida de un saque de esquina muy bien lanzado por Parejo. El meta frustró al Valencia, más incisivo en la primera hora de juego. El Betis solo había asustado con las incursiones de Joaquín, carrilero en ataque, interior en cuestiones defensivas. Fue en ese momento cuando, por fin, apareció Canales. La tuvo Guardado en un gran centro del cántabro al segundo palo. Fue el primer aviso del Betis, que empezó a creer en la posibilidad de golpear al Valencia. En una semifinal copera, cualquier despiste se paga caro. Al borde del descanso, Gayà forzó un saque de esquina sin que nadie le presionara. Joaquín lo tocó en corto y crujió todo el sistema defensivo del Valencia después del balón de Canales al segundo palo. Toque de Sidnei y gol de delantero de Loren tras la dejada de su compañero.

El gol olímpico de Joaquín, validado por el VAR, dejó muy tocado al Valencia. El Betis soñó con esa final y dibujó pases de ensueño, hasta que Gameiro entró en el campo y los de Marcelino ofrecieron continuas señales de peligro. Marcó Cheryshev después de un buen pase de Gameiro. El Valencia tuvo la virtud de insistir ante un Betis al que le entró vértigo. Cheryshev remató al larguero y luego Gameiro anotó. Todo concluirá en Mestalla.

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