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El Sevilla triunfa con la vieja fórmula de Caparrós

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El cuadro andaluz, en el regreso del entrenador a su banquillo, bate al Espanyol con un gol de penalti de Ben Yedder

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No necesitaba Rubi ningún chivatazo para descifrar al nuevo Sevilla de Joaquín Caparrós. Al técnico le avalan 500 partidos en Primera, la mayoría, con más o menos éxito, refrendados por un estilo de juego inconfundible. El mismo que el Sevilla desplegó en el campo del Espanyol: solidez defensiva y contundencia para aprovechar sus opciones en ataque. Ben Yedder, de penalti, reanimó al Sevilla en LaLiga después de su inesperada despedida en Europa.

La impotencia del Espanyol quedó simbolizada por lo que aconteció cuando el árbitro pitó el final. Darder fue a buscar Soriano, inquisitivo en sus gestos hacia la afición blanquiazul. Tarjeta amarilla para el portero —titular porque Vaclik se lesionó durante el calentamiento— y para el volante, la segunda para ambos, y en consecuencia, expulsados, aunque todo había concluido ya, hasta el punto de que el árbitro no pudo enseñársela a Darder porque ya se había retirado al vestuario. Todo mal para el Espanyol.

La evolución del Sevilla llegó desde el pasado. Comenzó con el salto de Caparrós desde la secretaria técnica al banquillo, continuó en los despachos con el regreso de Monchi a la dirección deportiva y se consolidó en el campo. Con Caparrós al mando, el cuadro andaluz se abrazó a la contundencia en la zaga. Se olvidó de la línea de tres que Pablo Machín había importado desde el Girona para colocar cuatro en el fondo, con Mercado y Carriço como centrales, señalado Kjaer tras la derrota en Praga, tocado Sergi Gómez, nuevo fichaje de Luis Enrique para La Roja.

La fórmula Caparrós no falló en Barcelona, con Banega como director, ya no desde el eje sino arrinconado como interior derecho, para darle vuelo a Jesús Navas. El doble pivote que alineó el técnico del cuadro andaluz, con Gonalons y Amadou, no sorprendió a nadie como tampoco que le cediera el balón al Espanyol. El problema, para los blanquiazules, era que Darder y Granero, apáticos, no conectaron con Borja Iglesias y Wu Lei. La pelota la tenía más el Espanyol, pero Diego López tenía más trabajo que Soriano.

Controlado el juego, el Sevilla se encontró con un regalo de Mario Hermoso. El central arriesgó en un cruce con André Silva. Penalti. Gol de Ben Yedder. Y comenzó otro duelo. De nuevo, previsible. Caparrós apostó por músculo y aire en la medular: Rog y Vázquez reemplazaron a Amadou y Banega. Reculó tanto el Sevilla, que ni siquiera Jesús Navas se animó a pasar al ataque. El Espanyol, refrescado con el talento Melendo, la insistencia de Wu Lei y la acumulación de arietes (Puado, Ferreyra y Borja), se plantó en el campo rival. Nunca, sin embargo, inquietó a Soriano. La vieja receta Caparrós está de vuelta en Sevilla. Y sigue funcionando.

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