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El Liverpool sigue siendo el rey del caos

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Los ‘reds’ derrotan al Nápoles, que jugará la Liga Europa, y logran el pase a octavos con un gol de Salah. El PSG golea al Estrella Roja con un gran Mbappé

Seguramente a cualquier otro equipo que no sea el Liverpool jugar permanentemente en el alambre emocional le destrozaría la salud. Pero resulta que a los reds, a estos redsque dirige Jürgen Klopp, a los que llevó hasta la final de la Champions la pasada temporada y ahora a octavos (de momento), les van los partidos que se disputan en medio de un frenesí atlético. No hay otra forma para entender que su espartana victoria sobre el Nápoles resulte al mismo tiempo el producto lógico de un planteamiento deportivo que no contempla la relajación, ni siquiera como recurso desesperado.

4-3-3

Jürgen Klopp

13

Alisson

4

Tarjeta amarilla

12′

Tarjeta amarilla

Virgil Van Dijk

66

Cambio

89′

Sale Lovren

Trent Alexander-Arnold

26

Tarjeta amarilla

90′

Tarjeta amarilla

A. Robertson

32

Matip

5

Wijnaldum

14

Henderson

7

Cambio

84′

Sale Fabinho

Milner

11

1 goles

33′

Gol

Tarjeta amarilla

82′

Tarjeta amarilla

Salah

9

Cambio

78′

Sale Naby Keita

Roberto Firmino

10

Tarjeta amarilla

92′

Tarjeta amarilla

Mane

25

David Ospina

6

Cambio

69′

Sale Ghoulam

Mário Rui

26

Tarjeta amarilla

39′

Tarjeta amarilla

Koulibaly

33

Albiol

19

Maksimovic

8

Cambio

61′

Sale Zielinski

Fabián

17

Hamsik

5

Allan

7

Callejón

14

Cambio

66′

Sale Arkadiusz Milik

Mertens

24

Insigne

4-4-2 (D.P.)

Carlo Ancelotti

Y eso que pudo verse fuera si Allison no llega a minimizar la portería en el tiempo de descuento con su corpachón ante Milik, que con todo de cara y medio metro para la gloria no supo esquivar al portero brasileño. Una jugada que se desarrolló en medio de dos ocasiones de gol de Sané, ambas con mismo resultado, dos errores garrafales que bien pudieron ayudar a tranquilizar un encuentro decidido por un gol de Salah, taquicárdico, aun así, de principio a fin.

En Anfield hubo jaleo y más jaleo. Carreras y esprines como si la vida fuera llegar antes una y otra vez. No es Klopp un entrenador que admire la pausa, le resta sentido al caos. Por eso el Liverpool es un equipo veloz pero atormentado por esa necesidad de que todo suceda con más ritmo del adecuado. No tiene creadores sesudos, pero sí lanzadores. Ejecutores de contragolpes como Henderson o Milner, la raíz más inglesa de un equipo multicultural. Pero son eso, meros transmisores.

Para Ancelotti y el Nápoles, sin embargo, hay grises en el arcoíris. Se puede correr y pensar al mismo tiempo, algo que habitualmente los menos talludos ejecutan por defecto. Insigne y Mertens parecían dos benjamines al lado del gigantón Van Dijk. Movían las piernas como un torbellino, pero el castillo se mantenía firme. Se contagiaron los italianos de ese rock and roll rojo que lo mismo acelera el corazón que lo colapsa. Lo curioso es que el tanto de los reds llegó en una de las pocas jugadas en las que Salah se concedió más de un segundo para decidir qué hacer con el balón, y cuando lo tuvo claro le salió mal pero bien, todo al mismo tiempo. Su centro acabó en gol porque lo ejecutó con su pierna derecha, y sin pretender encontrar la portería pasó, el balón por debajo de las piernas de Ospina. A los italianos, líderes antes de la disputa de la última jornada, les queda ahora la Liga Europa para encontrar consuelo tras una noche loca.

Imparable Mbappé

Champions League
Grupo C
Jornada 6

FINALIZADO

Así fue

E. Roja

1

4

PSG

  • Resultados
  • Calendario

El PSG enfrentó la marejada con porte de transatlántico. Sabedor de que alrededor de sus figuras las olas rivales pierden brío. Es lo que tiene reunir a las más brillantes, que alumbran la oscuridad. El tinte de Mbappé resultó una señal. Como si de una cerilla se tratase, cada balón que pasó por sus botas entró en combustión. Lo hacen sus músculos al correr, estirándose y contrayéndose con tanto estilo como determinación. Sus carreras fueron un martirio para el Estrella Roja. Es inalcanzable el francés cuando se lanza a por la tercera zancada, y le bastaron dos más para obtener suficiente espacio y colocarle el primer gol en bandeja a Cavani.

4-2-3-1

Vladan Milojevic

82

Tarjeta amarilla

9′

Tarjeta amarilla

Milan Borjan

23

Milan Rodic

30

Tarjeta amarilla

77′

Tarjeta amarilla

Stojkovic

77

1 goles

55′

Gol

Tarjeta amarilla

86′

Tarjeta amarilla

Marko Gobeljic

5

Milos Degenek

17

Cambio

85′

Sale Dejan Joveljic

Marin

20

Causic

21

Cambio

71′

Sale Ebecilio

Simic

31

Ben Nabouhane

29

Dusan Jovancic

9

Cambio

71′

Sale Y. Boakye

Tarjeta amarilla

27′

Tarjeta amarilla

Milan Pavkov

1

Buffon

2

Thiago Silva

14

Tarjeta amarilla

61′

Tarjeta amarilla

Bernat

4

Tarjeta amarilla

28′

Tarjeta amarilla

Thilo Kehrer

3

Kimpembe

10

1 goles

39′

Gol

Neymar

5

1 goles

73′

Gol

Marquinhos

6

Cambio

82′

Sale Rabiot

Verratti

11

Cambio

87′

Sale Draxler

Di María

7

1 goles

91′

Gol

Kylian Mbappe

9

1 goles

8′

Gol

Cavani

4-4-2 (D.P.)

Thomas Tuchel

Si bien Tuchel también escucha una música parecida a la de Anfield, sus herramientas le permiten enfrentar otro tipo de registros. Aunque los solistas siguen teniendo carta blanca para sobresalir de la partitura. En ese no hay otro como Neymar, capaz de bailar con el balón, mover la cintura y arrastrar sombras, como en el segundo gol del PSG. Tocó dos veces el balón en carrera para darle la dirección suficiente, tirar una línea paralela al área y a partir de ahí ir eliminando rivales. Lo hizo sin otro recurso que levantar el cuello con intención de golpear y no hacerlo. Con las fichas sobre el tablero solo le quedó decidir a que lado de la portería disparar.

Como buen equipo engrandecido, el PSG también adolece de esa sensación de superioridad que tanta vida da a los equipos que sí aceptan sus limitaciones. El Estrella Roja aprovechó un mal despeje de cabeza para convertirlo en gol por medio de Gobeljic, que agitó los brazos una y otra vez tratando de levantar un optimismo escondido bajo los asientos. A partir de ahí el conjunto serbio se lanzó en plancha, trató de transformar cada llegada en ocasión, aunque los medios para ello tuvieron poco que ver con la sutileza, pues ya se sabe que las revueltas no guardan las formas.

Fue romántico y breve al mismo tiempo. El que tardó primero Marquinhos y después Mbappé en cerrar una goleada esperada y situar a su equipo en octavos.

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