Opinión

Del trilema británico al trilema europeo

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Protestas por el Brexit en Londres junto al Parlamento. EFE

Finalmente, como era esperado, el Parlamento británico rechazó el Acuerdo de Salida negociado por el Gobierno británico y la Comisión Europea que podía dar una hoja de ruta para la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Dos años tardó el Gobierno británico, desde que sus ciudadanos votaran a favor del Brexit en 2016, en acordar una posición común que llevar a las negociaciones.

Ponerse de acuerdo internamente le costó a la primera ministra, Theresa May, tres secretarios de Estado a cargo de Brexit en sólo dos años y medio.

El trilema británico es imposible: evitar las fronteras interirlandesas y en Reino Unido, y estar fuera del mercado común y unión aduanera

Finalmente, la posición del Gobierno suponía un trilema imposible: permanecer fuera del mercado común y de la unión aduanera, evitar una frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, y evitar una frontera entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido.

Y con estas diferencias internas en el Gobierno británico, el Parlamento de Westminster vio su oportunidad para echar un pulso al Ejecutivo. En diciembre de 2017, Westminster ya aprobó que los diputados británicos tuvieran una decisión final sobre el posible acuerdo al que se llegara con la Comisión Europea.

Hace sólo unos días, ese pulso se reavivó cuando el Parlamento británico le arrebató al Gobierno la capacidad de decidir si presentaba el Acuerdo a una segunda votación. En su lugar, el Legislativo ha forzado al gobierno de Theresa May a presentar la semana que viene una alternativa a ese texto rechazado anoche por 432 votos en contra y únicamente 202 votos a favor.

¿Esto qué supone? Otro trilema imposible. Por un lado, renegociar el Acuerdo de Salida para llegar a un texto alternativo no parece una opción. La Unión Europea, que ha mantenido una posición clara y unida en sus prioridades negociadoras desde 2016, ha dicho en varias ocasiones que no va a reabrir un texto que ha costado dos años negociar pensando poder llegar a otro acuerdo en cuatro días.

La última de ellas, mediante una carta firmada el lunes pasado por Jean-Claude Juncker y Donald Tusk reafirmando que se pueden dar aclaraciones, pero que no habrá renegociación.

En definitiva, la posición comunitaria se resume en las palabras del primer ministro de Luxemburgo, el liberal Xavier Bettel, que al ser preguntado por un periodista británico sobre si la Unión Europea era consciente de que no renegociar acercaba a todos a un escenario sin acuerdo dijo: “El Brexit es vuestra elección, no la mía”.

Por otro lado, la derrota aplastante del gobierno ha llevado al líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, a presentar una moción de censura contra Theresa May. Esto supone que la primera ministra debe obtener de nuevo la confianza de la Cámara y, de no hacerlo, los diputados deberán elegir un nuevo primer ministro en un plazo de dos semanas.

Nadie en el Partido Conservador parece ser capaz de sustituir a May y unir de nuevo al partido

No parece una tarea sencilla, puesto que nadie entre los conservadores parece ser capaz de sustituir a Theresa May y unir de nuevo al partido. De no conseguir una mayoría, entonces se producirán nuevas elecciones generales.

Corbyn ha expresado varias veces que su opción era una convocatoria electoral con la esperanza de que el Partido Laborista aproveche la división entre los conservadores para alzarse con la victoria. Sin embargo, las encuestas muestran que los laboristas no consiguen capitalizar el descontento con la gestión de Theresa May, y ambos partidos están en un empate técnico.

Pese a ello, según Corbyn, “se daría al partido ganador un mandato renovado para negociar un mejor acuerdo y asegurarse el apoyo del Parlamento”. Parece que el líder laborista no ha recibido la carta firmada por Juncker y Tusk.

Además, la opción de Jeremy Corbyn no parece ser exactamente la opción de sus militantes laboristas. Según las últimas encuestas, una abrumadora mayoría estaría a favor de forzar un nuevo referéndum y, de ser así, el 88% votaría por la permanencia del Reino Unido en la UE.

De hecho, mientras los diputados votaban el Acuerdo de Salida, una multitud se agolpaba en el exterior de Westminster demandando un segundo referéndum. Esta campaña, que tiene poca tracción entre los partidos políticos, ha ido ganando fuerza en la sociedad civil británica a medida que la ruptura sin acuerdo con la Unión Europea parecía más cercana.

Una renegociación se ve imposible. Unas elecciones generales no parece que fueran a cambiar mucho el panorama político ni las mayorías en el Parlamento. Y un segundo referéndum es algo que ninguno de los grandes partidos políticos británicos está dispuesto a apoyar. ¿Y ahora qué?

Parece seguro que el Gobierno británico solicitará a la Unión Europea retrasar la fecha en la que el Brexit se haga efectivo

Pase lo que pase, parece seguro que el Gobierno británico solicitará a la Unión Europea retrasar la fecha en la que el Brexit se haga efectivo. Tanto una posible renegociación más profunda con la UE como un proceso electoral británico -de elecciones generales o de referéndum- tomaría un tiempo del que no se dispone. No olvidemos que, a día de hoy, la salida del Reino Unido se hará efectiva el 29 de marzo de 2019.

Para ello, los líderes nacionales de los 27 Estados miembros deben aceptar otorgar esa prórroga. Esto provocaría otro trilema: ¿qué hacemos con las elecciones europeas de mayo de 2019? ¿Qué ocurriría con los escaños extra que han ganado los demás Estados miembros a costa de los escaños que dejarían libres los eurodiputados británicos? Y, además, ¿qué ocurriría con los eurodiputados británicos elegidos en mayo para una legislatura de cinco años si, finalmente, el Brexit se consuma con un nuevo gobierno a finales de 2019?

Y, en este caso, el trilema lo tenemos que solucionar el resto de los europeos.

Carlos Campillos es experto en Relaciones Internacionales y cofundador de Con Copia a Europa.

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