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Auge y caída de Isco

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El malagueño no solo se ve relegado por Solari, sino que al amparo del técnico argentino progresan ahora Llorente, Valverde y Vinicius a la espera de Brahim

La caída de Isco Alarcón coincidió con su mejor momento. En el verano de 2018 sumó a su enorme popularidad el reconocimiento de sus entrenadores. En todos los ámbitos. Primero en la selección, en donde Fernando Hierro le puso al frente del equipo en plena Copa del Mundo, incluso a costa de sentar a Iniesta en el banquillo; luego, en el Real Madrid, en donde Julen Lopetegui lo situó a la cabeza del proyecto. En ambos casos, con efectos desastrosos.

Hierro sucumbió al Mundial en octavos de final, en uno de los peores partidos que se recuerdan de España. Lopetegui ingresó en el libro de los récords como el entrenador más rápidamente destituido de la historia del Madrid. El vasco dirigió 14 partidos, ganó seis, perdió seis y empató dos con un balance inaudito de 21 goles a favor y 20 en contra. Lopetegui fue el primer entrenador que confió plenamente en Isco. El mejor partido de su efímero ciclo fue el mejor partido de Isco: 3-0 a la Roma.

Cuando este miércoles Chendo intentó darle unas palmaditas en la espalda, Isco, que le vio venir por el rabillo del ojo, hizo el equivalente a un recorte: se agachó para subirse las medias.

El delegado del Madrid, que señaló el cambio por Lucas en el minuto 71 del partido de Copa contra el Leganés, acompañó al malagueño hacia el campo como confortándolo en el viaje al inframundo. Le contemplaban 40.000 hinchas atraídos por el morbo. Antaño ídolo prematuro del madridismo, el muchacho se halla en el curso de una metamorfosis que le ha transformado en suplente de Vinicius y Fede Valverde.

Gran promesa del fútbol español desde 2013, Isco se movió en el terreno de la paradoja. Entre aficionados y periodistas gozó de la condición de superjugador; pero sus entrenadores le escrutaron con suspicacia. Ancelotti confesó que no sabía cómo encajarle en el esquema de la BBC; Benítez no apostó especialmente por él; y Del Bosque no le llevó a la Eurocopa de Francia. Por su parte, Zidane le puso en cuarentena durante una temporada, de tal modo que en 2016 el hombre se confesó en Marca: “No soy tonto, si no soy titular con Ancelotti, Benítez y Zidane es por mi culpa”.

La conclusión de Isco se justifica a la luz de la estadística comparada de los mediapuntas del Madrid en la última década. Promedia un gol cada 345 minutos y una asistencia cada 305. Sus cifras son inferiores a las de James (un gol cada 202 minutos y una asistencia cada 182), Kaká (un gol cada 239 minutos y una asistencia cada 178), Di María (un gol cada 345 minutos y una asistencia cada 146) y Özil (un gol cada 421 minutos y una asistencia cada 142).

Hoy es menos que un suplente. Está señalado. La fractura con su entrenador, Santiago Solari, no deja de abrirse. Comenzó cuando el técnico eligió a Lucas para el único puesto que le quedó libre, a tenor de la lista de jugadores señalados en noviembre por su prioridad estratégica por los dirigentes. Por orden de preferencia: Bale, Benzema, Kroos, Asensio, Modric y Vinicius debían ser protegidos.

El contraste con los jóvenes

La brecha se agrandó con los partidos. Solari comprobó que las actuaciones de Isco no mejoraban al equipo. Contra el Valladolid entró por Casemiro en el minuto 56 y el Madrid quedó a merced del rival hasta el 1-0 de Oliva en propia meta; contra el Eibar entró por Modric con 3-0 en contra y la agonía no se alivió; ante el Huesca ingresó por Modric y el equipo acabó pidiendo la hora; en La Cerámica sustituyó a Bale en el descanso con el marcador favorable y el Villarreal empató; y contra la Real Sociedad volvió a sustituir a Casemiro en el minuto 56, con 0-1 en contra, y el Madrid acabó derrotado por 2-0 y con un jugador expulsado. Frente el CSKA, Isco disputó los 90 minutos por primera vez con el nuevo entrenador y el Madrid cayó 3-0, la peor derrota sufrida en el Bernabéu en competiciones europeas.

Semana a semana, Solari expuso un panorama que le daba la razón. En contraste con la atonía de Isco, el técnico promovió a los jóvenes hasta formar una nueva batería de alternativas que compensan con creces la marginación de la figura. El vuelo de Odriozola, Reguión, Llorente, Valverde y Vinicius ha sido la gran contribución del técnico y su primer aval a ojos de la directiva y los aficionados que observan la transición sin emitir juicios tajantes.

Altivo hasta para tratar a Zidane, el mediapunta no se arredra ante la autoridad. Cuando este jueves le preguntaron a Sergio Ramos si la relación rota entre Isco y Solari se podía reparar, el capitán respondió con frialdad. “Es complicado”, dijo, “en el Madrid todos quieren jugar y es complicada esa toma de decisiones por parte del entrenador”.

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